Pulsas, palpas el cuerpo de la noche, verano que te bañas en los ríos, soplo en el que se ahogan las estrellas, aliento de una boca, de unos labios de tierra.
Tierra de labios, boca donde un infierno agónico jadea, labios en donde el cielo llueve y el agua canta y nacen paraísos.
Se incendia el árbol de la noche y sus astillas son estrellas, son pupilas, son pájaros. Fluyen ríos sonámbulos. Lenguas de sal incandescente contra una playa oscura.
Todo respira, vive, fluye: la luz en su temblor, el ojo en el espacio, el corazón en su latido, la noche en su infinito.
Un nacimiento oscuro, sin orillas, nace en la noche de verano, en tu pupila nace todo el cielo.
Hola, casualmente llegué a tu espacio desde el espacio de Mar y Paz. Este es sólo un saludo. Yo no busco nada, ya he encontrado todo lo que quería encontrar.